PESADILLA ESPAÑA

España se parece cada vez menos al país que conocí en mi infancia y adolescencia. Este humilde blog pretende analizar los motivos que han llevado a España a convertirse en un lugar de pesadilla y tratar de aportar soluciones. Pero como éste es un objetivo demasiado ambicioso me temo que el blog terminará convirtiéndose en una simple vía de escape a la enorme frustración que siento. En cualquier caso, me gustaría dar la bienvenida a todos aquellos que, por unas razones o por otras, lo visiten y participen en él.

MALTRATADORES DE CLASE

En público es atento y cordial, se muestra sonriente, es ocurrente, no pocas veces brillante y exhibe modales exquisitos. Sin embargo solo tú sabes de lo que es capaz cuando os encontráis a solas. En cualquier reunión o acto social, es amable contigo aunque una simple mirada o un comentario aparentemente inocente puede ser el preludio de una tormenta plagada de reproches, acusaciones y amenazas.

Tú actúas bien, eres correcta, no solo sabes que tienes que serlo sino que, además, pones toda tu voluntad para agradarle y hacer que se sienta bien a tu lado. Te lo curras a diario poniendo la mejor voluntad porque quieres que se sienta orgulloso de ti. Así es como sacas tiempo de donde no lo hay dando el máximo y haciéndole favores que, analizándolo fríamente, no tendrías por qué hacerle. Sin embargo, todo lo que recibes a cambio es, como poco, desprecio o indiferencia.

Da igual que te desvivas por él y que le des innumerables muestras de tu entrega, capacidad o inteligencia. Cualquier excusa es buena para chillarte, insultarte y humillarte. Si fueran otros tiempos y no nos encontráramos en pleno siglo XXI te molería a palos pero, como persona de mundo, sabe dónde se encuentra la frontera de lo admisible.

En realidad no es necesario que te diga nada para saber lo que te espera si te atrevieras a desafiarle aunque, de vez en cuando, te lanza alguna que otra advertencia velada para mantenerte callada, sumisa y alerta. Porque, pese a lo mal que te lo hace pasar, te quiere contenta y sonriente. Nada de quejas o reproches. O lo que lo mismo: al mal tiempo buena cara y que cada palo aguante su vela que la vida es dura y tampoco no es cuestión de estar llorando todo el día.

Más aún, debes mostrarle tu agradecimiento en cualquier circunstancia y ve de lo más natural que, a su regreso, tras unas cuantas horas perdido por nadie sabe dónde, estés activa y haciendo cosas. Si no te encontrara con una actitud positiva se enfadaría y no dudaría en recordarte lo mucho que le debes y lo poco que le costaría mandarte a paseo.

En algunos momentos de lucidez que tu situación de estrés permanente reducen al mínimo, te planteas abandonar para siempre a quien tan mal te quiere. Porque no mereces ese trato; porque eres alguien que se ha ganado el reconocimiento de todos menos el suyo; porque a veces recapacitas y sientes que, en alguna parte remota de tu cuerpo, te queda algo de dignidad. Un instinto atávico te invita a rebelarte y romper con todo, a decir “hasta aquí hemos llegado” y te regodeas imaginándote lo mucho que te echaría de menos si le dejaras. Te gustaría pensar que su vida sería un despropósito sin ti y hasta llegas a creértelo.

Pero, pasado ese momento de euforia, cuando las pulsaciones vuelven a su ritmo habitual, te das cuenta de que fuera hace demasiado frío y sabes que, si le abandonas, te arriesgas a toparte con otro igual o peor que él. Al final siempre se impone la cordura y ¡qué diablos! también ha tenido algún que otro detalle contigo… Como el día en el que, en una fiesta, te felicitó delante de todos o como cuando te dio una cálida bienvenida tras volver de unas vacaciones. Esas son cosas que nunca se olvidan y que se quedan grabadas en el corazón.

Además, nadie te garantiza que no vaya a encontrar a otra como tú. Es más, algo te dice que será así y que, a los dos días, olvidará tu entrega, tu fervor por él y hasta tu existencia… ¡Solo de pensarlo se te ponen los pelos de punta! ¿Podría pasar página tan rápido? – te preguntas. La respuesta es sí y te mueres de celos cada vez que te lo imaginas.

Al sentirte así asumes que es un manipulador de primera, que juega con tus sentimientos como nadie lo ha hecho porque, pese a menospreciarte tanto, o precisamente por eso, pocas cosas te producen más satisfacción que agradarle. No terminas de entenderlo pero ésa es la realidad.

Pero pronto dejas a un lado tus miedos porque sabes que mientras le sirvas bien y aguantes sus decisiones arbitrarias, sus salidas de tono, sus cambios de humor… nunca te apartará de su lado. Solo tienes que aprender a vivir con ello y acabarás consiguiéndolo porque el ser humano es un animal de costumbres que se adapta a todo.

Por si aún no te has dado cuenta, el protagonista de esta truculenta historia de maltrato psicológico y humillaciones constantes no es otro que tu jefe. Y aunque los actores del relato sean una mujer en el papel de empleada y un hombre en el de capataz, ambos podrían intercambiar su rol sin problemas. El género es lo de menos porque cualquier combinación en ese sentido (hombre – mujer; mujer – hombre; mujer – mujer; hombre – hombre) sería válida.

Lo realmente importante es el conflicto de clase que aparece implícito en el texto y la exposición más o menos acertada de la desigual relación de fuerzas existente entre patrón y asalariado.

Estamos ante una ejemplificación un tanto exagerada pero realista del enorme poder que han adquirido los jefes en esta España de ideario neoliberal y su miserable manera de ejercerlo; la prueba definitiva de su elevación a la categoría de dioses a los que se debe prestar obediencia ciega.

Y es que el actual entramado de explotación laboral se sustenta en la concienzuda labor de zapa del capataz, del capo, del jefe… Es un trabajo que, a uno u otro nivel, se está mostrando muy efectivo y explica en gran parte el sometimiento de la clase trabajadora.

Debemos tener claro que, pese a contar con un marco legislativo claramente favorable a sus intereses, sin la mano dura que mandos medios y superiores aplican a diario en los centros de trabajo de nuestro país, sin sus broncas, sin sus amenazas, sin sus chantajes y arbitrariedades, sin sus malas artes y su falta de escrúpulos, la élite empresarial jamás hubiera podido doblegar a los trabajadores.

El capataz ha mantenido la cadena de mando en perfecto estado de revista y, es de justicia reconocer su enorme mérito. Por eso, aunque sin llegar a extremos como el del panegírico de La Sexta, “El jefe infiltrado”, he querido rendirle aquí un pequeño “homenaje”.

Este imperdonable momento de flaqueza es producto de la admiración que despierta el formidable enemigo al que se considera invencible pero también de un pesimismo alimentado por la experiencia que me lleva a creer que, a día de hoy, solo un giro inesperado en el estado de las cosas podrá acabar con el reinado absoluto de unos jefes que están ganando claramente la partida.

 

Madrid, 16 de septiembre de 2015

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Información

Esta entrada fue publicada el 16 de septiembre de 2015 por en España, Varios.
A %d blogueros les gusta esto: