PESADILLA ESPAÑA

España se parece cada vez menos al país que conocí en mi infancia y adolescencia. Este humilde blog pretende analizar los motivos que han llevado a España a convertirse en un lugar de pesadilla y tratar de aportar soluciones. Pero como éste es un objetivo demasiado ambicioso me temo que el blog terminará convirtiéndose en una simple vía de escape a la enorme frustración que siento. En cualquier caso, me gustaría dar la bienvenida a todos aquellos que, por unas razones o por otras, lo visiten y participen en él.

LA LUCHA POR LA HEGEMONÍA IDEOLÓGICA Y CULTURAL

Por si algunos lo dudaban ya nos ha quedado claro a todos: la derecha más rancia, aquella que se ha cobijado desde los inicios de nuestra monarquía parlamentaria en partidos formalmente democráticos pero profundamente reaccionarios como Alianza Popular (AP) primero y Partido Popular (PP) después, ha declarado la guerra abierta a las formaciones progresistas que hoy gestionan ciudades tan importantes como Madrid, Barcelona, Valencia, Zaragoza o Cádiz y cuentan con un buen número de diputados y diputadas en el Congreso.

Su pecado: nada más y nada menos que gobernar o querer hacerlo según su parecer, algo completamente normal si tenemos en cuenta que son millones las personas que les dieron su apoyo tanto en las municipales de mayo de 2015 como en las generales de diciembre.

Una derecha acostumbrada a manejar España a su antojo en los últimos veinte años, no parece dispuesta a permitir que nadie cuestione su modelo de sociedad, de ciudad, de país…

Los precedentes

Intimidada por el fracaso del golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, y pese a tener por aquellas fechas una presencia prácticamente residual en el Congreso de los Diputados[i], la derecha se vio obligada a refugiarse en el subsuelo a la espera de tiempos mejores. Al cabo de unos meses, el PSOE barrió en las elecciones generales de 1982 pero los conservadores siguieron agazapados al percatarse de que no había nada que temer de un socialismo dócil que había asimilado el liberalismo económico y se encontraba muy cómodo cumpliendo al dedillo todo lo que los poderes fácticos le dictaban: desde permanecer en la OTAN[ii] a desmantelar el cinturón industrial del norte de España[iii].

Fiel a unos principios de dominación y control a los que nunca renunció, la derecha fue saliendo poco a poco de la cueva en la que se había guarecido hasta mostrarse en público de nuevo sin complejos ni malas conciencias. El proceso de lavado de cara y supuesta renovación ideológica iniciado por el voluntarioso Hernández-Mancha, llegó a buen puerto gracias a José María Aznar, un oscuro abogado del Estado que, sorpresivamente, fue capaz de aglutinar en torno a su persona a las distintas facciones conservadoras.

Bajo su liderazgo, la extinta Alianza Popular se convirtió de golpe y porrazo en un partido moderno, respetuoso de los valores democráticos y en plena sintonía con la corriente liberal que, en aquellos años, avanzaba como un rodillo en países de primer orden como EE.UU. Gran Bretaña o Alemania.

Con esta refundación, el nuevo PP quiso correr un tupido velo sobre sus conexiones con el régimen franquista para centrarse exclusivamente en un proyecto de futuro que, según nos aseguraron, colocaría a España en el grupo de naciones punteras de Europa.

La derecha conquista la hegemonía política y cultural

Aprovechando los numerosos casos de corrupción del gobierno socialista, el PP fue ganado prestigio hasta encontrarse en disposición de disputar el poder al otrora intratable PSOE de un Felipe González muy debilitado por el caso GAL y cuestionado abiertamente por una clase obrera a la que había despreciado en varias ocasiones[iv].

A través de una campaña urdida concienzudamente y con espaldarazo que supuso para el liberalismo mundial la caída del Muro de Berlín, el PP se vio pronto en condiciones de arrebatar la hegemonía política y cultural del país a la izquierda.

Poco a poco, mensajes, valores, creencias de clase e ideología conservadora fueron calando en amplios sectores de la sociedad española hasta convertirse en normas y modos de actuar irrenunciables para todos, también para un PSOE que hacía tiempo había aparcado la socialdemocracia para rendir pleitesía al libre mercado[v] y era consciente de que, para mantener algunas cuotas de poder, debía subirse a la ola liberal dominante[vi].

Tanto es así que los ejecutivos de PP y PSOE que se han alternado en el poder desde 1996 hasta la fecha no se han diferenciado sustancialmente en materia económica y social. Todos sin excepción han tenido un marcado tinte conservador – neoliberal.

Ésa es la primera prueba de la conquista de la hegemonía ideológica y cultural por parte de la derecha, su victoria más decisiva.

La segunda es el cambio de mentalidad que aquellos mensajes lanzados por el PP a través de medios afines e institucionales produjeron en millones de personas que, perteneciendo a la clase media y trabajadora, terminaron adoptando modos de ser y pensar elitistas. De esta manera, el individualismo, el lucro personal o la satisfacción inmediata de cualquier necesidad lograron desbancar a valores que estaban firmemente asentados en nuestra sociedad como la solidaridad, la igualdad de oportunidades o el bien común.

Con esta metamorfosis colectiva, un modelo ideológico basado en axiomas del todo indemostrables y que decía favorecer a todos cuando, en realidad, beneficiaba a unos pocos, se fue asentando.

La victoria por mayoría absoluta de José María Aznar en las generales de 2000 consolidó el aura de infalibilidad de las políticas conservadoras e incrementó todavía más la supremacía ideológica de una derecha que, tras su aplastante triunfo, no tuvo ya reparos en mostrar abiertamente un genuino orgullo por su pasado.

Dieciséis años más tarde tenemos innumerables ejemplos de lo que la hegemonía cultural e ideológica de la derecha ha conseguido. Hoy podemos escuchar a mileuristas condenando el “elevado” gasto en educación y sanidad y justificando los recortes o a trabajadores en situación precaria criticando la “carestía” del despido, un oxímoron que les sitúa curiosamente del lado del empresario que los explota. También hay gente pobre que cree realmente que ha vivido por encima de sus posibilidades y otros muchos que consideran que todo lo privado es más eficiente y barato que lo público. Incluso hay sindicatos que aplican sin ruborizarse las mismas políticas neoliberales que aseguran combatir[vii].

Eso demuestra que el juego político, social y cultural de este país se desarrolla en el campo de la derecha y siguiendo sus propias reglas. De resultas, nadie puede salirse del estrecho marco ideológico fijado por una minoría conservadora so pena de ser tachado de extremista o demagogo o acusado de no hacer las cosas “como Dios manda”.

Desde las instituciones que ha copado a través del juego electoral, el PP ha terminado de dar forma a un modelo de sociedad reaccionaria que favorece claramente sus intereses de clase y condena sumariamente cualquier idea crítica o contraria a su ideario.

Llega el cambio

Pero en 2011 el 15M vino a remover el orden establecido y en cierto modo lo ha conseguido. A partir de aquella explosión de indignación espontánea surgieron una serie de movimientos sociales decididos a cambiar el discurrir de las cosas. Mareas por la educación, la sanidad, asociaciones vecinales, plataformas contra las hipotecas abusivas, los yayoflautas y otros colectivos salieron a la calle para exigir una forma de hacer política centrada en las necesidades de la gente y no en los intereses de las élites.

Tanto PP como PSOE asistieron perplejos a una contestación masiva que, por primera vez, ponía en cuestión un sistema de turno de partidos muy nocivo para España.

Se denunciaba una praxis democrática deficiente que, cocinada en la Transición, validaba el oscurantismo, la corrupción y el clientelismo a todos los niveles. Hasta entonces, la política se estructuraba en torno a un falso debate de ideas lleno de teatralidad que, en realidad, encerraba un sólido pacto de no agresión entre los dos grandes partidos. El 15M nacía para acabar con eso.

Pero, además de protestar contra el mal funcionamiento de nuestro sistema democrático, estos movimientos comenzaron a discutir el modelo social y cultural conservador imperante, con sus símbolos, celebraciones, formas de entender las relaciones sociales o comportarse en determinados foros.

A través de su impagable labor de denuncia, muchas falacias neoliberales fueron desmontadas en público abriendo los ojos a amplios sectores de la ciudadanía que habían caído en las redes de la propaganda conservadora.

La derecha reacciona

La derecha se dio cuenta de que el envite iba en serio y que, por primera vez, peligraba su hegemonía política, social y cultural. El establishment reaccionó entonces con suma virulencia aunque no se decidió reforzar un marco legislativo y judicial que ya le era favorable hasta la irrupción de Podemos en 2014.

La modificación del Código Penal y la aprobación de la Ley Mordaza están en sintonía con el deseo de la derecha de frenar a los agentes del cambio. La ofensiva legal vino precedida por la acción de numerosos medios de comunicación afines que pusieron en su punto de mira todo lo que olía a novedad, a renovación, a otra manera de entender el país.

La clásica pinza entre propaganda y disposiciones legales coercitivas se cerró aún más tras las victorias progresistas en las elecciones locales y autonómicas de mayo de 2015. Fue una declaración de guerra en toda regla de la derecha ultramontana del PP a los partidos de la nueva política que, muy a su pesar, no le dio buenos resultados en las generales de diciembre de 2015.

Es en este contexto en el que se produjo la renuncia del concejal de cultura del Ayuntamiento de Madrid, Guillermo Zapata, por unos tuits de mal gusto en los que debatía sobre los límites del humor; la polémica por la indumentaria de los Reyes Magos en la última cabalgata de la ciudad de Madrid; el juicio a la portavoz del Ayuntamiento de Madrid, Rita Maestre, por su participación en un escrache en la capilla de la Universidad Complutense cuando aún estudiaba allí; o el arresto de unos titiriteros en los últimos carnavales celebrados en la capital.

No hablamos de las típicas polémicas que surgen en el fragor de la batalla política sino de ataques despiadados dirigidos a la línea de flotación de las formaciones del cambio.

Hablamos de una batalla ideológica de amplio espectro en la que, tras muchos años de renuncia, la izquierda está disputando a la derecha la hegemonía cultural e ideológica en numerosos ámbitos y hasta en lugares tan emblemáticos para la ciudadanía como la Puerta del Sol[viii].

Da la impresión de que el verdadero progresismo ha despertado por fin de su largo periodo de letargo encabezado por los partidos de la nueva política: Podemos, Compromis, las mareas…

Una izquierda no del todo adaptada a la nueva realidad

Pese a todo, estas nuevas formaciones han acusado cierta inadaptación a la situación que afrontan desde su entrada en las instituciones ya que siguen actuando según las reglas fijadas por los conservadores, dentro de su marco ideológico y respetando sus tiempos.

Eso explica que todavía cedan o se muestren dubitativos ante los ataques de la derecha en lugar de hacerles frente con contundencia.

Eso fue lo que ocurrió con la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, en la polémica del concejal Zapata o en la de los titiriteros. También con Rita Maestre quien, después de pedir perdón al arzobispo Carlos Osoro, se mostró extremadamente compungida en su juicio, una imagen que se encuentra a años luz de la que exhibía hasta no hace mucho como activista. El mismo Zapata aceptó de buen grado su cese como concejal de Cultura y se disculpó públicamente en infinidad de ocasiones por unos tuits que fueron sacados de contexto interesadamente.

Es cierto que sobre ambos planeaba la sombra de una condena de cárcel y eso son palabras mayores pero siempre cabe esperar algo más de entereza por parte de los representantes de la nueva política.

El cambio no se completará hasta que la izquierda deje a un lado sus complejos y asiente su ideología

En este nuevo tiempo, la principal labor de la derecha consiste en poner todo tipo obstáculos al cambio. Permanece al acecho del rival político hasta que entiende que éste vulnera su reaccionario código de conducta o traspasa el marco ideológico conservador imperante. Es en ese momento cuando lanza una fulgurante y violenta campaña de acoso y derribo sobre su oponente. Sin embargo, sus mentiras, falacias y tergiversaciones solo pretenden torpedear unas políticas que, de implantarse firmemente, podrían alumbrar una nueva sociedad que se sitúa en las antípodas de la que ella representa.

Por eso los agentes del cambio deben resistir y no caer en el juego de diversión perpetuo planteado por sus enemigos. Deben plantarse ante sus embates asumiendo su nueva posición y sus nuevas responsabilidades. Deben hacer frente a las calumnias sin dar muestras de flaqueza o desánimo, sin pensar que han obrado mal por seguir los dictados de su conciencia; aparcar el miedo a ser catalogados de radicales, soñadores o irresponsables, un viejo truco que no da más de sí; mostrarse orgullosos y sin complejos por defender sus ideas porque solo así serán capaces de romper el asfixiante marco ideológico erigido por los conservadores. En ese sentido, un modelo de actuación a seguir puede ser el de Ada Colau en Barcelona[ix] o el desempeñado por Teresa Rodríguez en la defensa Andrés Bódalo[x].

Conclusión

Estamos asistiendo a la introducción de nuevas formas de entender la sociedad, nuevos símbolos y formas de pensar y vivir la cultura y la política que, para consolidarse, deberán ser defendidas con mucha firmeza. De no ser así, la derecha de siempre se aprovechará de ello para seguir haciendo de España un país empobrecido y sumiso en el que cada vez menos gente se encuentre en condiciones de oponerse a sus obscenos intereses. Ése es un lujo que no podemos permitirnos y por esa razón es de esperar que los dirigentes de la nueva política estén a la altura del momento histórico que vivimos y logren retomar una hegemonía ideológica y cultural que la izquierda no debería haber perdido nunca.

 

[i] http://www.historiaelectoral.com/e1979.html

[ii] http://www.publico.es/politica/cronica-engano-30-anos-del.html

http://www.elperiodico.com/es/noticias/politica/treinta-anos-del-referendum-otan-espana-4964868

[iii] http://elpais.com/diario/1983/12/03/espana/439254006_850215.html

[iv] http://www.huffingtonpost.es/2013/12/14/huelga-1988_n_4437878.html

[v] https://www.youtube.com/watch?v=wuPhLyjjHEI

[vi] http://info.nodo50.org/Las-contrarreformas-laborales.html

[vii] http://www.eldiario.es/economia/CCOO-laboral-ERE-fundacion-formacion_0_500100814.html

[viii] http://www.publico.es/sociedad/placa-recordara-movimiento-del-15.html

http://www.elespanol.com/espana/20160225/104989833_0.html

http://www.publico.es/politica/cifuentes-posiciona-comunidad-madrid-carteles.html

[ix] http://www.lavanguardia.com/local/barcelona/20160217/302233084346/colau-defiende-poema-blasfemo.html

http://www.publico.es/politica/ada-colau-muestra-apoyo-titiriteros.html

http://www.publico.es/politica/ada-colau-asegura-marido-trabajara.html

[x] http://www.lasexta.com/programas/al-rojo-vivo/entrevistas/teresa-rodriguez-mucha-gente-deberia-carcel-antes-que-luchador-jornalero_2016032900274.html

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Esta entrada fue publicada el 31 de marzo de 2016 por en España, Partidos políticos.
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