PESADILLA ESPAÑA

España se parece cada vez menos al país que conocí en mi infancia y adolescencia. Este humilde blog pretende analizar los motivos que han llevado a España a convertirse en un lugar de pesadilla y tratar de aportar soluciones. Pero como éste es un objetivo demasiado ambicioso me temo que el blog terminará convirtiéndose en una simple vía de escape a la enorme frustración que siento. En cualquier caso, me gustaría dar la bienvenida a todos aquellos que, por unas razones o por otras, lo visiten y participen en él.

BUSCANDO GOBIERNO DESESPERADAMENTE

Se acerca la fecha para cerrar gobierno y, si no se llega a un acuerdo en los próximos días nos veremos obligados a votar de nuevo en el mes de junio.

A medida que se aproxima el momento del no retorno en el que ya no será posible una vuelta atrás, se escucha en la calle cierto runrún tras el que, si aguzamos bien el oído, se percibe nítidamente la exigencia de un pacto de gobierno.

La ciudadanía demanda la formación inmediata de un ejecutivo, sea el que sea. Da igual la mezcla de colores, su textura, composición, sensibilidad… Podría ser uno entre PSOE, Ciudadanos y Podemos, o, por qué no, entre PP, PSOE; tampoco estaría mal otro entre Ciudadanos, PP y PSOE. Tener gobierno se ha convertido en un fin en sí mismo porque, según nos repiten a diario los líderes de opinión más cualificados, para eso votamos en diciembre del año pasado.

Escuchando a estos voceros del buen orden da la impresión de que el país se está volviendo ingobernable, que vivimos una situación insostenible y que llevar más de cien días sin presidente es lo más parecido a un cataclismo que hemos visto por aquí en los últimos doscientos o trescientos años. Si no se llega a un entendimiento, insisten, caerán sobre nosotros las diez plagas bíblicas o incluso algo peor.

No se trata de ninguna broma y ya hemos asumido que aquellos que, debido a su ineptitud, egoísmo, escasez de miras, prepotencia, poca cintura y un sinfín de cosas más, impidan la formación del gobierno por el que suspiran los españoles, deberán atenerse a las consecuencias.

Y ¿Quién es, según nos repiten machaconamente desde la inmensa mayoría de medios, el que más ha contribuido a esta falta de acuerdo? Efectivamente, se trata de Podemos.

No importa que Ciudadanos haya repetido por activa o por pasiva que su programa, espíritu e ideología no mezclan, igual que el agua y el aceite, con el partido de Iglesias. Da lo mismo que el PP haya permanecido inmóvil y ajeno a cualquier tipo de negociación esperando una segunda oportunidad o que el PSOE haya preferido a un partido de derechas como Ciudadanos para llegar a un pacto antes que a cualquier formación de izquierdas. No: la culpa es y será de Podemos y por eso, según apuntan casi todas las encuestas, los votantes le pasarán factura si se repitieran las elecciones.

El caso es que no veo por ningún lado que el país se esté desmoronando o dé más señales de decadencia de las emitía antes de las generales de diciembre.

Cada mañana, cuando me dirijo a mi puesto de trabajo, compruebo que mi autobús llega a su hora y no percibo en los rostros de la gente que me acompaña ningún indicio especial de desesperación o preocupación; cuando voy al supermercado no he visto ninguna señal alarmante de desabastecimiento. Todas las estanterías suelen estar repletas de género y lo mismo sucede cuando me he pasado por la gasolinera a repostar. En estos más de cien días he cogido un par de aviones y, en el aeropuerto, no he visto colas de gente desesperada luchando por salir del país. Los colegios siguen abiertos, los trabajadores aún cobran su menguante nómina a final de mes y aún hay días en los que me resulta imposible reservar mesa en un restaurante porque está todo completo.

Preocupado, buceo un poco en Internet y, para mi asombro, compruebo que los principales indicadores económicos no han variado ostensiblemente. Ni la prima de riesgo se ha disparado, ni el paro se ha desbocado y tampoco las exportaciones han caído en picado.

En definitiva, no he apreciado señales de anarquía y por eso no dejo de preguntarme: “¿por qué ese clamor por formar gobierno?” “¿Por qué es así cuando tenemos ejemplos de países que, como Bélgica, han funcionado razonablemente bien sin él?”

Desconozco dónde ha surgido esta percepción tan tétrica de una España sin timonel y tampoco puedo descifrar qué es lo que realmente hay detrás de una campaña que cuenta con apoyos tanto en la izquierda como en la derecha. Lo único que sé es que, parafraseando a Joan Laporta, no estamos tan mal.

Entiendo que la banca abogue por la formación de un gobierno que favorezca sus intereses o que la patronal reclame un ejecutivo afín que termine de suprimir los escasos derechos laborales que asisten hoy a los trabajadores. Entiendo que estos poderes fácticos quieran crear una ficticia sensación de caos para lograr que cualquier acuerdo llegado desde la derecha nos parezca no sólo bueno sino también necesario.

Me cuesta más comprender a figuras progresistas como Manuela Carmena o Carlos Jiménez Villarejo, que han defendido un pacto PSOE – Podemos junto a Ciudadanos y su falso regeneracionismo.

Por suerte, la consulta que la formación morada lanzó recientemente entre sus simpatizantes ha zanjado el debate dejando claro que la inmensa mayoría prefiere un compromiso entre partidos ideológicamente afines a otro contra natura que traiciona sus principios, su razón de ser y no conduce a ninguna parte.

El partido de Pablo Iglesias no puede llegar a un compromiso que desvirtúe el programa electoral con el que se presentó a las elecciones. Sus votantes acudieron a las urnas con el deseo de que su ideología tuviera algún reflejo en la manera de gobernar el país, una aspiración legítima que, al lado de Ciudadanos, resulta sencillamente imposible. La solución al desgobierno del PP no puede residir en ningún caso en un arreglo que valide las políticas de Rajoy en materia económica y social.

Por eso, y a modo de conclusión, diré que un gobierno es necesario, de eso no cabe duda, pero no a costa del bienestar de los trabajadores y de los sectores más desfavorecidos de la sociedad porque ellos son los que más han sufrido el neoliberalismo salvaje del PP.

Aquí no valen ni las prisas ni las presiones interesadas de sectores que tienen mucho que ganar con un mal acuerdo. El pacto por el pacto no es de recibo en estas circunstancias. Las clases populares se juegan mucho en este envite y deben entender que es preferible acudir de nuevo a las urnas a que Podemos facilite o participe en un gobierno que no sea capaz de defender sus derechos con plenas garantías. Tienen que comprender que la formación morada es, en última instancia, el mejor garante de sus intereses y confiar en su manera de hacer las cosas.

Porque mucho me temo que las presiones a las que se ha visto sometida la formación morada tan sólo son parte de una estrategia destinada a justificar lo que está por venir: una gran coalición “salvadora” PP – PSOE o PP – PSOE – Ciudadanos que hará que todo siga como hasta ahora pero fingiendo que es distinto. Ése fue el espíritu de la Transición y, como no podía ser de otra forma, ése seguirá siendo el leitmotiv de los que muchos han calificado ya como Segunda Transición. El tiempo dará y quitará razones pero, por suerte o por desgracia, no tardaremos mucho en comprobarlo.

Madrid, 20 de abril de 2016

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Esta entrada fue publicada el 20 de abril de 2016 por en España, Partidos políticos.
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